La Casa de la Infancia atiende, desde una unidad centralizada, a los niños, niñas y adolescentes víctimas de abuso sexual. Además, en este centro, se atenderá a las víctimas con discapacidad intelectual de cualquier edad. La Casa de la Infancia que se proyecte debe cumplir con los estándares del modelo europeo Barnahus.
Desde esta premisa nos preguntamos:
¿Qué es una casa?. ¿Qué es un hogar?
Todos los niños dibujan las casas con tejados a dos aguas, ventanas en los laterales, una puerta y una chimenea.
Y si preguntas a los pequeños qué habitación preferirían, sin duda contestarían que la buhardilla.
Multitud de cuentos comienzan, o tienen lugar en esos espacios, a cobijo de las formas del tejado.
Ahora, la mayoría de las viviendas, especialmente en las ciudades, no tienen tejados a dos aguas, ni chimeneas, ni buhardillas. Pero la imagen mental de un hogar, incluso para los mayores, sigue teniendo esos parámetros de
referencia.
También influyen los materiales, las texturas. No es casualidad que nos sintamos a gusto cuando pasamos un tiempo de vacaciones en una casa rural. Además del descanso, y del tiempo compartido con familia o amigos, los materiales naturales nos llevan de manera directa a la experiencia de hogar, incluso si nunca hemos vivido en una casa antigua en el campo.
La propuesta utiliza esos dos conceptos de referencia como base de desarrollo. Un local en mitad de la ciudad nunca podrá ser una cabaña tranquila en un bosque. No obstante, las formas, los materiales, la abstracción de la idea de hogar que todos tenemos programada, sí pueden crear un espacio acogedor, protector, en el que sentirse no como en nuestra propia casa, sino en la idea de hogar.
El proyecto toma como referencia la imagen arquetípica del hogar —cubiertas inclinadas, buhardillas, materiales cálidos— y la traduce en un lenguaje contemporáneo. A través de la geometría de los techos y la elección de materiales naturales, los espacios evocan ambientes domésticos que favorecen la confianza y reducen la ansiedad, especialmente en los usuarios más vulnerables.
La organización funcional responde a una secuencia clara y progresiva. Desde el acceso principal, situado en una zona más abierta y amable del entorno urbano, el recorrido de los usuarios se desarrolla de forma gradual: recepción, espacios de estancia y, posteriormente, salas de evaluación diferenciadas por edades. Este recorrido culmina en las salas de grabación y observación, ubicadas estratégicamente para garantizar la privacidad y evitar interferencias con otros flujos del centro .
El espacio intermedio de circulación se concibe como algo más que un pasillo. Su geometría y su articulación permiten incorporar áreas de estancia, cocina o pequeños ámbitos de relación, enriqueciendo la experiencia espacial y evitando la rigidez de un esquema asistencial convencional. De este modo, el recorrido se transforma en una sucesión de situaciones domésticas reconocibles.
La distribución distingue claramente entre las áreas de usuarios, trabajadores y personal externo, garantizando la independencia funcional sin renunciar a la eficiencia organizativa. La zona de trabajo se plantea como un espacio abierto y flexible, con despachos en posiciones estratégicas que aseguran la privacidad cuando es necesaria.
La materialidad refuerza el carácter acogedor del conjunto. El uso de madera en techos y paramentos, junto con pavimentos cerámicos de pequeño formato, construye una atmósfera cálida y táctil, alejada de la estética institucional. La acústica, especialmente relevante en este tipo de espacios, se resuelve mediante soluciones constructivas que combinan absorción y aislamiento, generando ambientes tranquilos y controlados.
En el exterior, el edificio se expresa a través de una fachada de ladrillo que dialoga con el contexto residencial y refuerza la identificación con la idea de casa. La disposición de los huecos, controlada y precisa, permite equilibrar la necesidad de iluminación natural con la privacidad requerida, evitando vistas directas desde el espacio público.
La propuesta integra además criterios de sostenibilidad y eficiencia energética, mediante una envolvente de altas prestaciones y sistemas de climatización de bajo consumo, que permiten alcanzar estándares de edificio de consumo casi nulo. Todo ello desde una lógica constructiva sencilla, robusta y fácilmente mantenible.
En conjunto, el proyecto construye un entorno donde la arquitectura actúa como herramienta terapéutica, capaz de generar confianza, reducir el estrés y acompañar los procesos que en él tienen lugar. Un espacio donde la escala, la luz y los materiales contribuyen a transformar una experiencia compleja en un entorno más humano y cercano.
Junio 2024
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