El Centro de Información y Dinamización Turística de Bardenas en Fustiñana nace como resultado de un concurso público en el que la propuesta fue seleccionada por su claridad conceptual, eficiencia y capacidad de adaptación al territorio. Concebido como un edificio de una sola planta organizado mediante una retícula modular, el proyecto articula los distintos usos en torno a un núcleo central de servicios, liberando el perímetro para los espacios de carácter público y su relación directa con el exterior .
La organización interior se estructura a partir de un núcleo compacto que concentra los usos más técnicos —baños, cocina, oficinas e instalaciones— permitiendo que los espacios principales se dispongan en el perímetro. En torno a este núcleo se desarrollan las áreas expositivas, la sala de eventos y el comedor, configurando un anillo continuo de espacios flexibles, abiertos y fácilmente interconectados.
Estos usos perimetrales se intercalan con ámbitos exteriores cubiertos que diluyen el límite entre interior y exterior. Esta condición intermedia no solo favorece el control climático pasivo, sino que amplía las posibilidades de uso del edificio, permitiendo la realización de actividades al aire libre y generando una circulación perimetral continua. De este modo, el recorrido en torno al edificio enriquece la experiencia espacial y multiplica la percepción de amplitud de un volumen contenido.
La apertura del edificio hacia todas las orientaciones transforma además estos espacios en un sistema de miradores hacia el paisaje. El edificio no se concibe como un objeto aislado, sino como un dispositivo desde el que observar, recorrer y entender la Bardena, estableciendo una relación directa y constante entre arquitectura y territorio.
La propuesta inicial planteaba un sistema constructivo industrializado en seco, pensado para optimizar tiempos y costes de ejecución, así como facilitar su posible replicabilidad en otros emplazamientos . Sin embargo, durante el desarrollo del proyecto y su materialización, el sistema fue adaptado para responder de manera más directa a las condiciones específicas del entorno bardenero.
La estructura finalmente ejecutada se resuelve mediante pilares metálicos y forjados de hormigón, aportando mayor inercia térmica y robustez constructiva. Los cerramientos se materializan con fábrica de ladrillo caravista, un material duradero y de bajo mantenimiento que dialoga con la tradición constructiva local y con la paleta cromática del paisaje.
Uno de los cambios más significativos se produce en la estrategia de protección solar. Frente a la solución inicialmente prevista con sistemas de lamas, se opta por una celosía cerámica que envuelve el edificio. Este elemento actúa como filtro climático y visual, modulando la radiación solar, generando espacios intermedios de sombra y aportando una textura que refuerza la integración del edificio en el carácter árido y mineral de las Bardenas.
El resultado es una arquitectura sobria y contemporánea que, sin renunciar a los principios de eficiencia energética y control climático pasivo planteados desde el inicio, encuentra en los materiales y sistemas finalmente construidos una mayor afinidad con el lugar. Un edificio que combina precisión constructiva, racionalidad espacial y una clara voluntad de arraigo en su contexto.
Julio 2024
construído, obra nueva